viernes, 16 de abril de 2010

"...bajo la nieve, se respira..."

A Miranda


1-

La partera dijo
Falta de melanina
Me llaman Blanquito
y no traigo la resta sino la suma:
en mí el poder el reino y la gloria.

2-
El medioambiente no me es hostil
ni mi madre me cuida de los daños
Los mesías se mandan a guardar
cuarenta día y cuarenta noches.
Estoy esperando un eclipse, la oscuridad
mi cuerpo marinado comenzará a hervir
sobre el aceite de estas ciudades.

3-
Me llaman Blanquito.
Sobre mi piel pueden tatuarse
todas las posibilidades.
No cargo una falta sino el exceso:
los médicos lo saben y por eso
me incluyen en sus tratados
de Patología Clínica.
No describen, se defienden.
Hacen bien.

4-
En un monasterio de la China antigua
hay colgado un cuadro del taoísmo Zen:
un lienzo puro sin ningún trazo.
Forma parte de una serie que escenifica
el sendero de la disolución y el arribo al Tao
Quienes miran el lienzo blanco
aprehenden una totalidad en reposo.
Un visitante de ese monasterio al verme
quiso compararme con el cuadro.
Me llaman Blanquito, le dije,
y no soy una pintura conceptual.
Soy un hongo atómico en su clímax explosivo.
No traigo ni la paz ni el sosiego.

domingo, 21 de marzo de 2010




"...acelerar es poner una meta a las espaldas, e ir para adelante..."


A veces el ejercicio de la afirmación
se impone como una cosa,
siempre ahí evidente no aguardando
nada sino es más de ella misma:
esto es lo que vengo a decir
estoy en paz con mi biografía.
¿A qué velocidad límite habrá que reducir
el acelerador de partículas
para alcanzar un umbral de quietud semejante?
Nunca me interesó la creación de la materia
lo que me asombra es su permanencia
Nunca me interesó cómo llegué hasta acá
lo que me preocupa es convertir este punto
en un trampolín que me eleve a cualquier lado.
A veces es necesaria una dosis
de fundamentalismo categórico:
una frase elegante y desafiante,
una frase surfeando en la precisa punta de garfio
de la ola más imponente de un maremoto
mientras las ciudades y sus certezas
se relamen en su destrucción inminente.
Estoy en paz con mi biografía
Y no sé cuál es la velocidad exacta requerida
para que la materia alcance una relajación absoluta,
pero tengo mi sospecha: es la misma
con la que se mueve mi pecho
mientras inspiro una bocanada de aire tibio
cierro los párpados
y expiro.

-el núcleo de las cosas debería ser una bocha de crema del cielo-

lunes, 8 de marzo de 2010

"...en algún lado alguien no marca mi número, ni lo va a marcar..."


"Sé que
El amor que te deseo es mejor
Que el amor que te profeso."

Emanuel Rodriguez



¿Cuántas oportunidades tengo
antes de perder del todo el juego?

Son las cinco de la mañana.
Afuera hasta el tacho de la basura
es una promesa
de un universo más completo.
Esas cosas que suceden afuera
cuando uno está irremediablemente adentro.

El celular arrojado en la mesa
se confunde con la pereza de los demás objetos.
Si yo me dejara caer en ese lugar
difícilmente alguien pueda distinguirme
en ese catálogo de cosas ociosas
Pienso esto, y pregunto:
¿Cuántas chances me ofrecieron
antes de enrostrarme un “Game over”
titilando sobre mi frente pálida?

Ahora lo sé:
La energía mueve sólo los cuerpos
con dirección de remitente.
Y yo no tengo la más mínima idea
de a dónde voy.


Siguen siendo las cinco de la mañana.
Los elementos básicos de la materia
resuelven una huelga permanente,
y lo que sigue funcionando es su advertencia:
“tenés actitud de gitano. Pasás de lo oscuro
A lo más claro”

¿Me sobran manos en el juego?
¿No se guarda para siempre una carta oculta
la posibilidad de arremete cualquier
partida terminada?
Quiero pensar que sí. Quiero creer.
Tener fe en ese comodín meditando
en su soledad de monasterio
el momento oportuno para aparecer
y desquiciarlo todo.

Afuera hasta la lámina de hoja más fina
está plagada de capas. Afuera es un espacio
hipertrofiado de oportunidades.
Espero paciente alguna noticia,
cuanto más lejana mejor.
Esto que soy yo es una bóveda marina,
una cavidad oceánica aguardando
voces extraterrestres
que caen empinadas a lo largo
de toda la vía láctea.
Lo que hay en mi cabeza no es luminosidad:
es una resignación tapada con polvo de estrellas.

-en eso te vas transformando: en pensamientos empañados-

sábado, 27 de febrero de 2010

"...vengo a hablarte de una generación que quizá no existió..."
-Cuarta parte-
Palabras al hijo
"Hay un punto
en el que la sangre es una filiación cualquiera"
Martín Rodriguez. Lampiño
Vengo a contarte la misma historia
que te relaté ayer. Esa que habla
de un fin que comienza una y otra vez.
¿Te acordás de la musiquita que llegaba
desde atrás de esa persiana de madera cerrada?
Dijimos que si eso no era el paraíso
entonces el paraíso dónde está. Fue un chiste
pero ninguno de los dos pudo reírse.
A veces quisiera confesarte que no tengo
la menor idea de las razones
por las que muevo algunas piezas del tablero,
y porqué a otras las dejo quietas;
Nunca voy a confesarte porqué
voy a patear el tablero. Eso jamás.

¿Dónde comienza una parentesco,
y dónde una distancia?
A ver, ¿sos capaz de contestarme eso?

Te decía, vengo a repetirte esas palabras
que me contó a mí alguna vez otra persona.
Lo recuerdo: su cara era un algodón mojado
en almíbar y sangre. Atracción y horror
convivían en esos ojos. Horror y atracción.
Hijito, me dijo, te voy a contar el secreto
de nuestra filiación. Y ahí comenzó.
¿Te acordás del olor a humedad que
empezó a invadirnos ayer, justo
cuando iniciaba el relato? Es el agua
que está subiendo progresivamente
desde las alcantarillas;
cuando sintamos las palmas de los pies
mojadas, vamos a tener que recordar
las clases de natación del colegio
a las que siempre faltamos.
Yo no tengo la menor intención de salvarte.
Cuanto más rápido termine todo, mejor.

Los nombres que nos pusieron nunca
fueron una carga; son el pedazo de
tergopol al que nos vamos a aferrar
cuando venga la inundación. Eso lo sé.
Posiblemente sea lo único que sepa
y por eso te delego un nombre. Cualquiera.
El que mejor se acomode entre tus manos.

Vengo a repetirte la narración
que mañana voy a volver a iniciar,
y pasado también sin añadir ninguna variación.
Es el relato de una secuencia que comienza
y termina, y comienza y termina, y termina
y termina y termina y termina, pero vuelve
a comenzar incluso a despecho nuestro.
Si esa musiquita detrás de unas persianas
cerradas, si esa tonada sin escenario visible,
si esa belleza confinada en una casa que
nunca será la nuestra
no es el paraíso, ¿el paraíso dónde está?
Esta vez no me rio
porque la pregunta ya no es un chiste.