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lunes, 8 de marzo de 2010

"...en algún lado alguien no marca mi número, ni lo va a marcar..."


"Sé que
El amor que te deseo es mejor
Que el amor que te profeso."

Emanuel Rodriguez



¿Cuántas oportunidades tengo
antes de perder del todo el juego?

Son las cinco de la mañana.
Afuera hasta el tacho de la basura
es una promesa
de un universo más completo.
Esas cosas que suceden afuera
cuando uno está irremediablemente adentro.

El celular arrojado en la mesa
se confunde con la pereza de los demás objetos.
Si yo me dejara caer en ese lugar
difícilmente alguien pueda distinguirme
en ese catálogo de cosas ociosas
Pienso esto, y pregunto:
¿Cuántas chances me ofrecieron
antes de enrostrarme un “Game over”
titilando sobre mi frente pálida?

Ahora lo sé:
La energía mueve sólo los cuerpos
con dirección de remitente.
Y yo no tengo la más mínima idea
de a dónde voy.


Siguen siendo las cinco de la mañana.
Los elementos básicos de la materia
resuelven una huelga permanente,
y lo que sigue funcionando es su advertencia:
“tenés actitud de gitano. Pasás de lo oscuro
A lo más claro”

¿Me sobran manos en el juego?
¿No se guarda para siempre una carta oculta
la posibilidad de arremete cualquier
partida terminada?
Quiero pensar que sí. Quiero creer.
Tener fe en ese comodín meditando
en su soledad de monasterio
el momento oportuno para aparecer
y desquiciarlo todo.

Afuera hasta la lámina de hoja más fina
está plagada de capas. Afuera es un espacio
hipertrofiado de oportunidades.
Espero paciente alguna noticia,
cuanto más lejana mejor.
Esto que soy yo es una bóveda marina,
una cavidad oceánica aguardando
voces extraterrestres
que caen empinadas a lo largo
de toda la vía láctea.
Lo que hay en mi cabeza no es luminosidad:
es una resignación tapada con polvo de estrellas.

-en eso te vas transformando: en pensamientos empañados-

sábado, 15 de agosto de 2009


LEVANTEMOS LA CARA, PONGAMOS EL ROSTRO SERIO Y ALISTEMOS TODA LA FUERZA DE LA MENTE


Hagamos de cuenta que les voy a contar
algo con suma importancia.
Levantemos la cara, pongamos rostros serios
y alistemos toda la fuerza de la mente para
convivir con el secreto que supuestamente les revelaría
un poema. Padre murió por la sobra de compañía.
Así como suena, abuso de relaciones terminaron
por deshilachar el tejido de su existencia,
y así como vivió se esfumo: como un murmullo dirigido para todos.
Cuando era chico y aún pensaba que el mundo tenía
túneles ocultos para aventurarse en las siestas heladas
mi Padre me resultaba fascinante, como una foto movida
o una frase que se intentó borrar con nerviosismo.
Luego terminé por aceptar que no había ningún misterio,
que sus idas y venidas en casa resultaban en idas y venidas a otras casas
-una realidad paralela con otro hijo y otra esposa-
El planeta tenía infinidad de túneles solo que cada uno terminaba
en una habitación conocida con gente cercana: el mundo
proyectado por delante termina siendo una producción en serie
del álbum familiar con el que cargamos en la espalda.

Sí, lo sé, quizá sólo figuré escenas reconocibles
un hijo con un padre con otros hijos de varias madres.
Un Cliché que desde un principio adelanté sería tal
y quien avisa no traiciona y esas cosas.
Pero hay algo, algo quizá raro:
en el funeral de Padre fueron todas las personas que consumieron
sus días, meses y años hasta limarle cada ángulo de su cuerpo.
No hubo uno solo de esos individuos que no llorara, ni yo mismo
y por un momento fue como si entre todos armáramos un enorme
rompecabezas que visto desde un satélite espacial
terminara formando la imagen
de una madriguera imposible, extensa e incaminable.
En ese momento afirmé que cada hueco conducía
a una faceta de mi Padre en uno de esos hogares ajenos:
las pupilas verdosas húmedas ante la primera palabra de su hijo
terminando en un orgasmo sobre unas tetas que no me amamantaron
el rictus abstracto de su cuerpo muerto observado por otra persona.
Si tuviera que dejar una herencia a alguien sería el mapa de esa madriguera
el enredo de túneles ocultos en mi infancia,
el murmullo dirigido a todos que fue la vida de Padre.
Pero esto es un poema, y vamos a fingir que transmití algo
aunque eso nadie pueda terminar de comprobarlo
.

-Nico Bertona-

domingo, 26 de julio de 2009


...LOS ELEFANTES ENTONCES VENGARÁN NUESTRO REINO...



/1/
Todas las noches, todas, antes de irme a dormir
escucho a hermana llorisquear.
En el amparo de cocina, con la luz apagada,
lamenta que las figuras que, durante el día,
sobre la superficie blanca de la heladera,
arma con empeño, con delicadeza, sin espectadores
se desmoronen.
Las lágrimas de hermana son simples:
imanes que no se pegan, y caen

/2/
Sueño con un elefante que se ahorca con su propia trompa.

/3/
Madre duerme.
Cierra los párpados,
no sueña, no imagina nada.
Duerme,
cierra sus párpados a las palabras, a los objetos.

/4/
Todas las noches,
cierro los párpados, retengo palabras y objetos,
como si fueran unas viejas bolsas de arpillera.
A la mañana, al despertar,
los abro:
el ruido de lo que cae es, sencillamente, insoportable.

/5/
Sueño con un elefante que se ahorca con su propia trompa.
Una y otra vez.
Al frente, un grupo de cazadores miran, azorados.
Que en nuestra casa reine el olvido,
que las palabras sean imanes sin magnetismo,
y no retengan nada.
El elefante cae en una laguna verde de terciopelo,
el agua se cierra sobre su cadáver.
Como un párpado del tamaño del universo.

...No, no hay nada por detrás, salvo viento. El viento...

martes, 21 de julio de 2009

...Y LA PAZ NO ERA SINO UNA POSTURA DEL CUERPO...


1-

Por un momento quiero que mi cabeza desacelere las cosas
que las imágenes no sólo se detengan, sino que se erosionen.
Una cabeza siendo un borrador cubierto de Liquid Paper.

Como una postal extravagante, sórdida,
un hombre parado
debajo de un arco,
hecho de tres cañas ensambladas
con un cordel de hilo blanco,
por sus ojos una cinta verde
con pequeñas rasgaduras
atraviesa, recortando escenas
que se filtran a su visión:
una puesta de sol en invierno, tímido, ceniciento
aisladas superficies de yuyos quebradizos,
brisas enrulando los residuos del basurero
al costado del baldío convertido en canchita.
Lo que las breves líneas en la venda censuran:
un señor pelado, papada, traje color caqui
sosteniendo un rifle en dirección al hombre de la postal.
Pum!! Pum!!

Si es un recuerdo, o un deliberado trabajo sobre fantasmas,
lo de menos.
Pum!! Pum!!
Que las imágenes se amontonen unas a otras,
se acoplen hasta ser un engrudo que tapen la vista:
que solamente pueda observar
las arrugas de una sonrisa exagerada
del hombre bajo el arco
una sonrisa sin contexto:
su infancia jugando en la intemperie de un descampado .
Centelleos felices de una mancha de Liquid Paper
bajo la luz de una lámpara.




2-
“Que el cielo exista, aunque no sea un lugar para nosotros”

Vi, entonces,
un baldío,
donde el dueño de la pelota
delegaba con ternura
la elección de los jugadores;
donde eran las nueve, las diez,
las once y media de la noche,
no había postes de luz
pero el sol no decaía en su iluminación,
nunca, nunca;
cuando un partido acababa,
inmediatamente comenzaba otro,
como si en lugar de cambiar jugadores
se cambiaran equipos
-y ninguno renegara, ni uno-

¿Te conté alguna vez ésto?
¿No lo hice?
Perdón, tres veces perdón.

Vi un baldío
finalmente
donde el gordito
no sólo jugaba de titular,
jugaba, y era delantero
jugaba, era delantero, y en el último minuto
hacía el gol de chilena más preciso
de la historia del fútbol mundial.

No puedo no haberte dicho esto:
vi ese baldío,
y era el lugar perfecto
para sonreír.

Es todo lo que tengo para decir.

viernes, 17 de julio de 2009

...SIENDO ÉSTAS LAS COORDENADAS DEL TERRENO DE JUEGO, AHORA ANDÁ DEL OTRO LADO...



Son ciertas todas las veces
una y cada una
que escribí tu nombre
con un crayón violeta sobre la pared
de mi habitación
para invocar tu imagen
como un Poltergeist hecho de trazos, pintura y revoque.
No, como dijiste, nunca seremos fieles
a ninguna utopía,
ni siquiera-cuanto menos-
a aquella que lleguemos a construir.

Veo ahora por el televisor
un wing izquierdo que recorre toda la cancha
en un pique sin antecedentes,
llega a la línea final, y no tira el centro,
sigue corriendo hasta estrellar su rostro
con el alambrado. Estrella su rostro
invadido por una sonrisa feliz de chico Down.

Y entonces de seguro pensás
-deberías al menos imaginarlo-
que si nos cansamos de trotar
como el Correcaminos
escapar del Coyote eso nunca fue lo que buscamos;
sólo fue el fantasma que justificó
nuestro constante exilio.

-Les escaliers de Montmartre parecen ir al útero de las cosas-

domingo, 5 de julio de 2009



A LAS MOCHILAS LAS CARGA EL DIABLO SÓLO EN LAS CALLES DE BAJADA



Eso que aparece sobre nuestra cara es un recuerdo:
aferrémonos a su lomo para luego dejarnos caer.
Por ejemplo, ahí, atrás de dos cuerpos gorditos
sentados en posición india, las piernas cruzadas
como dos budas de chocolate mirando el televisor 14 pulgadas
en el que dos militares desenfrenados
arrojan bolas de formas y colores variados
para asesinar personajes que le vienen al choque.
Por un momento podríamos medir los 30 centímetros
que separan a los nenes de la pantalla,
pero aparece repentinamente un GAME OVER
como un insulto de neón y los dos bajan las cabezas:
los budas gorditos, y los militares fibrosos.
No hay distancia ya entre la T.V y ellos,
es momento de tomar al vuelo el recuerdo
marcharnos lo más prontamente posible de ahí.

Eso que dejamos atrás nuestro ya no nos pertenece,
o nos pertenece de un modo que nadie sabría explicar.

-evolución humana-

miércoles, 24 de junio de 2009

QUE EL POLVO DEL VIENTO FORME UNA CORONA EN NUESTRA MENTE MIENTAS FLOTA


Para N. que me regaló la frase.



Volviendo de la casa de los abuelos
el Renault 12 aceleraba progresivamente
atravesando sin resistencia la atmósfera,
a los costados sólo se levantaban árboles maltrechos
cercos y alambrados. Nada que simulara vida.
100 Km y ni una palabra entre ambos
era como una apuesta, pensé como niño que era
que no podía ser sino una apuesta:
El que habla primero pierde!
No, pero papá no respondió a mi sonrisa.
Fue deteniendo el auto hasta estacionarnos a un costado,
al bajar las ventanilla una ventisca se introdujo al interior
y con ella toda la noche. Los bigotes se le movieron apenas unos segundos.
Desde hace rato los árboles se habían extinguido, el cerco de alambre
estaba caído, era como si las cosas se hubieran ido escondiendo.
A los costados, adelante y por detrás lo mismo: una estepa.
No hay nada pero nada nada dijo por fin mirándome fijo
Es la nada misma, con mucho viento.
Arrancó luego el auto hasta casa, y me dejó.
Si era una apuesta, papá perdió el juego.
Falta aún decidir quién fue el ganador.

(Nico Bertona)

lunes, 22 de junio de 2009

LAS GOTITAS SE HACEN MÁS Y MÁS GORDAS MIENTRAS CHOCAN CON EL MUNDO


“y sobre todo mirar con inocencia.
Como si no pasara nada, lo cual es cierto”
Alejandra Pizarnik


Y si la lluvia
es siempre una excusa para pensar
no somos quienes para desalentar
un lugar común.
Entonces, llueve y pienso y
le voy contando a mi gata que está encogida
sobre sí misma como un terrible bicho bolita.
Pucky, se llama mi gata.

Pucky, ella a la mañana se despierta agitada
abre los ojos y es como si volviera de hacer turismo
en un campo de concentración
y tuviera las imágenes tatuadas en todo el rostro
como polaroids sostenidas por imanes
insoportablemente pesados.
¿Entendés, Pucky? No está triste, y eso es lo raro
vuelve a la superficie del mundo con la sospecha
que erró la dirección en algún lado,
o quizá son esos sueños que se van acumulando
en su nuca, como una joroba pixelada e imposible.
No sé, Pucky, no sé. Y, para serte sincero,
creo que no tengo ningún interés en saberlo.
Eso nos diferencia, mi total falta de intriga
para algunas cuestiones
y su ferocidad por querer comprenderlo todo.
Nos diferencia eso,
eso y su gusto que no comparto por la cerveza negra.

¿Oís cómo llueve, como las gotas se vuelven
más y más gordas y chocan contra las persianas
y las ventanas y las plantitas en las macetas
en el patio de invierno de casa?
¿Lo oís, Pucky, no es como si algo
quisiera ponerse a destruir el mundo
pero del modo más suave posible? Como una forma perversa
de destrucción, como asesinar a un bebé con caricias.

Te decía, todas pero todas las mañanas
me termina arrastrando a ese terror que no es tal
porque ella no está triste, ni tiene miedo ni angustia
pero su cuerpo erguido como un relámpago de piedra
me termina arrastrando a lo que sea que cargue con ella:
la veo y es mirar un video-clip frenético con una secuencia
de fundidos en blancos. Y no quiero conocer el nombre de ese tema
no quiero saber nada, nada, nada.
¿Está mal eso, Pucky, vos que sos una gata
sospechosamente gorda y sospechosamente buena
decime por favor
si está mal que esta mañana me haya despertado antes
y me haya ido sin decirle nada,
si es incorrecto desde tu visión refinada de gata sobrealimentada
que sepa que no la voy a ver más, que voy a ignorarla
con la disciplina de un monje budista asustado?
Pucky: ¿está bien? ¿Está mal? ¿Está más o menos?

Quizá debí esperar que despertara,
en ese momento cuando aún es un pez
con la mitad del cuerpo afuera boqueando
y la otra mitad empantanada en la suavidad del agua
para decirle algo que hace rato me pincha las encías:
que lo que nos diferencia no es sólo la cerveza negra
que nos distancia sobre todo esa terquedad de querer
tener a mano la sinopsis, el resumen y el cuadro explicativo
del mundo todo el tiempo y sin demora.
Que las cosas para mí no tienen fondo porque
las cosas están felices en su tranquilidad de cosas.
Y le dejaría un deseo:
que no busque respuestas
que la única razón por la que busca respuestas
es porque intuye que la próxima va a lograr arreglar algo
pero hay algo que tiene que reconocer
que una vez que cancela las preguntas
las respuestas también se evaporan.

Pucky, voy a salir al patio de invierno
a dejar que el aguar me bañe desde la cabeza a los pies
hasta que mi piel se haga líquida y descienda
formando un charquito entre las baldosas agujereadas.
Cuando eso pase, Pucky, haceme un último favor:
salí al patio y bébeme de a poco con tu lengüita áspera
y no pensés en nada, en absolutamente nada
sólo sé una gata gorda bajo un torrencial tomando agua
de las baldosas, como quien bebe de una pila bautismal.