sábado, 15 de agosto de 2009


LEVANTEMOS LA CARA, PONGAMOS EL ROSTRO SERIO Y ALISTEMOS TODA LA FUERZA DE LA MENTE


Hagamos de cuenta que les voy a contar
algo con suma importancia.
Levantemos la cara, pongamos rostros serios
y alistemos toda la fuerza de la mente para
convivir con el secreto que supuestamente les revelaría
un poema. Padre murió por la sobra de compañía.
Así como suena, abuso de relaciones terminaron
por deshilachar el tejido de su existencia,
y así como vivió se esfumo: como un murmullo dirigido para todos.
Cuando era chico y aún pensaba que el mundo tenía
túneles ocultos para aventurarse en las siestas heladas
mi Padre me resultaba fascinante, como una foto movida
o una frase que se intentó borrar con nerviosismo.
Luego terminé por aceptar que no había ningún misterio,
que sus idas y venidas en casa resultaban en idas y venidas a otras casas
-una realidad paralela con otro hijo y otra esposa-
El planeta tenía infinidad de túneles solo que cada uno terminaba
en una habitación conocida con gente cercana: el mundo
proyectado por delante termina siendo una producción en serie
del álbum familiar con el que cargamos en la espalda.

Sí, lo sé, quizá sólo figuré escenas reconocibles
un hijo con un padre con otros hijos de varias madres.
Un Cliché que desde un principio adelanté sería tal
y quien avisa no traiciona y esas cosas.
Pero hay algo, algo quizá raro:
en el funeral de Padre fueron todas las personas que consumieron
sus días, meses y años hasta limarle cada ángulo de su cuerpo.
No hubo uno solo de esos individuos que no llorara, ni yo mismo
y por un momento fue como si entre todos armáramos un enorme
rompecabezas que visto desde un satélite espacial
terminara formando la imagen
de una madriguera imposible, extensa e incaminable.
En ese momento afirmé que cada hueco conducía
a una faceta de mi Padre en uno de esos hogares ajenos:
las pupilas verdosas húmedas ante la primera palabra de su hijo
terminando en un orgasmo sobre unas tetas que no me amamantaron
el rictus abstracto de su cuerpo muerto observado por otra persona.
Si tuviera que dejar una herencia a alguien sería el mapa de esa madriguera
el enredo de túneles ocultos en mi infancia,
el murmullo dirigido a todos que fue la vida de Padre.
Pero esto es un poema, y vamos a fingir que transmití algo
aunque eso nadie pueda terminar de comprobarlo
.

-Nico Bertona-

1 comentario:

martín m. dijo...

buenísimo! pero ahh, yo lo dejaría como poema, le sacaría toda advertencia; o por lo menos los últimos 2 versos. me parece que lo hacen decaer. en lo demás, la vida paralela, el funeral, el sentimiento intacto, por supuesto que me transmite algo. genial, rama, poca poesía me produce algo como esto. un abrazo.-